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Tomado de VenEconomía Mensual, Vol. 31 No. 5, febrero de 2014 - 03/10/2014
Oscurana informativa


Desinformación por omisión, este fue el resultado del silencio informativo de los medios radioeléctricos del país, entre televisoras y algunas emisoras radiales públicas y privadas e, incluso, en algunos impresos, ante los acontecimientos ocurridos el 12 de febrero al finalizar la marcha convocada por estudiantes por la libertad de los universitarios presos en Táchira, a la cual acompaño la sociedad civil

No calcularon los medios de comunicación que con su postura de avestruz para no informar acerca de lo que estaba ocurriendo con la masiva marcha en la ciudad de Caracas el 12 de febrero -y luego con los hechos violentos que se suscitaron y produjeron la muerte de tres venezolanos- que la exoneración de culpa alguna de parte de sus verdugos, los colocaba en evidencia pública y notoria ante el país y el mundo. Pasaron por alto el hecho de que “lo que no se comunica se interpreta”. Más determinante aún, dejaron de lado que la razón de ser de los medios de comunicación es eso: Comunicar, informar veraz, objetiva e imparcialmente los hechos que impactan en el colectivo, por encima de cualquier circunstancia.

De manera que más allá de lo vergonzoso que resultara la actitud de esos medios, tal como lo expresaron de manera contundente César Miguel Rondón y Luis Chataing, por solo señalar a dos referentes mediáticos de comprobada credibilidad. Estos medios de comunicación de Venezuela que aplicaron un vergonzoso blackout informativo en un día donde acontecieron hechos violentos que dejaron tres jóvenes vidas segadas, y que han derivado en una conmoción social en las semanas siguientes, se pusieron al margen de los artículos 57 y 58 de la Constitución Bolivariana de Venezuela, cuyos mandatos son explícitos y tajantes:

Artículo 57
“Toda persona tiene derecho a expresar libremente sus pensamientos, sus ideas u opiniones de viva voz, por escrito o mediante cualquier otra forma de expresión, y de hacer uso para ello de cualquier medio de comunicación y difusión, sin que pueda establecerse censura. Quien haga uso de este derecho asume plena responsabilidad por todo lo expresado. No se permite el anonimato, ni la propaganda de guerra, ni los mensajes discriminatorios, ni los que promuevan la intolerancia religiosa. Se prohíbe la censura a los funcionarios públicos o funcionarias públicas para dar cuenta de los asuntos bajo sus responsabilidades”

Artículo 58
“La comunicación es libre y plural, y comporta los deberes y responsabilidades que indique la ley. Toda persona tiene derecho a la información oportuna, veraz e imparcial, sin censura, de acuerdo con los principios de esta Constitución, así como a la réplica y rectificación cuando se vea afectada directamente por informaciones inexactas o agraviantes. Los niños, niñas y adolescentes tienen derecho a recibir información adecuada para su desarrollo integral”.

Este intencional bloqueo informativo desde los propios medios de comunicación, (mejor conocido por su expresión en inglés como Blackout), al margen de las consideraciones anteriores, generó por otra parte, demasiada zozobra e incertidumbre en la opinión pública en general, ansiosa de obtener noticias desde esos medios, y frustrándose al ver que transmitían una programación completamente alejada de la realidad de lo que estaba ocurriendo, tal cual “Alicia en el País de las Maravillas”. Claro, sin dejar de transmitir la concentración oficialista en la emblemática parroquia caraqueña de La Pastora, con Nicolás Maduro al frente, hablando de paz, amor y diálogo.

De no haber sido por la opción de los New Media, encabezados por la diversidad de aplicaciones de las redes sociales y la opción de subir fotos y videos alusivos a lo que estaba pasando, no se hubiera tenido idea de los hechos protagonizados por los colectivos y funcionarios del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN), y que culminaron ese día con el asesinato de los dos jóvenes (uno en La Candelaria, y el otro en Chacao) y del miembro del colectivo tupamaro. Gracias también a las cadenas de noticias internacionales como NTN24 y de CNN en español que transmitían prácticamente en vivo, hasta que se le soltaron los demonios a Nicolás Maduro y, una vez más, abusó del poder ordenando al nuevo mandadero de Conatel, William Castillo, a sacar de la parrilla de todas las cableras que operan en el país, la señal del medio colombiano por considerar que el canal estaba incitando al odio y haciendo terrorismo informativo.

Transcurridos los días, las baterías se enfilaron hacia CNN en español, el canal informativo estadounidense, que siguió informando sobre los hechos ocurridos los días consecutivos al 12 de febrero, debido a la incorporación a la protesta de las capitales de más de ocho estados del país, entre ellos, Carabobo, Aragua, Lara, Zulia, Táchira, Mérida, Falcón, Monagas y Bolívar. Y con gran fuerza sobre todo en Táchira, donde la presencia de numerosos efectivos de la Guardia Nacional, y hasta aviones de la Fuerza Aérea. La señal de CNN se reforzó entonces con la llegada al país de varios enviados especiales, teniendo al frente a la conocida periodista Patricia Janiot.

Tristemente, por un lado la Cámara Venezolana de Televisión por Suscripción (Cavetesu), ni se inmutó y mucho menos se pronunció con la medida adoptada contra la televisora colombiana NTN24. Por otro lado, Maduro volvió por sus fueros y ordenó la revocatoria del permiso de trabajo de los corresponsales de CNN en español, empezando por Patricia Janiot quien tuvo que salir del país, bajo la escudriñadora y abusiva inspección de su equipaje en el aeropuerto de Maiquetía por parte de los guardias, alegando que podía llevar algún tipo de narcóticos. También le fue revocado el permiso de corresponsal en Venezuela, a la periodista local, Osmary Hernández. Y claro, Nicolás dejó en el ambiente que CNN podría también desaparecer del espectro de las cableras...

Rafi Ascanio




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