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Tomado de VenEconomía Mensual, Vol. 32 No. 4, enero de 2015 - 01/11/2014
Insostenibilidad Fiscal


En Venezuela no existe hoy ninguna institución gubernamental o no gubernamental que estime y publique indicadores de sostenibilidad fiscal. VenEconomía presenta a continuación unas estimaciones que permiten, dentro de las limitaciones existentes, aproximarse en lo posible al flujo neto de divisas del sector público para 2015

Desde que J.M. Keynes (1883-1946) alteró radicalmente el patrón dominante en el pensamiento económico, a principios del siglo XX, no quedó duda alguna sobre la necesidad de intervenir con políticas económicas adecuadas sobre el funcionamiento de los mercados agregados para reducir los niveles de desempleo. Cuando el diseño de políticas económicas se combinó con las teorías de los ciclos económicos de Schumpeter (1883-1950) y Kondratieff (1892-1938) comenzó a hablarse de políticas anti-cíclicas, es decir, un conjunto de acciones políticas de las autoridades económicas de un país cuyo objetivo principal es el de mitigar o suavizar el efecto de las crisis seculares en la economía.

Durante las décadas de los 70 y 80, los gobiernos recurrieron a la deuda externa para paliar los efectos de la recesión económica. Pero luego, en muchos casos se evidenció que la deuda no logró sacar a las economías de las fosas recesivas y además aumentó la vulnerabilidad de la economía a las fluctuaciones de los tipos de cambio y tasas externas de interés. Entonces comenzó a instituirse la necesidad de crear indicadores que permitieran establecer límites a los niveles de deuda y políticas fiscales sostenibles que no elevaran la vulnerabilidad de la economía y que funcionaran además con efectos anti-cíclicos.

La economía venezolana se caracteriza por su alta dependencia de la renta petrolera. Debido a que los precios del crudo se comportan de forma cíclica, es evidente la necesidad de políticas que estabilicen la economía interna frente a cambios en las tendencias seculares de los precios del barril de exportación.

Durante la segunda mitad del Siglo XX, cobró relevancia la necesidad de “Sembrar el Petróleo”; es decir, aprovechar la renta petrolera para desarrollar capacidades productivas en forma altamente competitiva en otros sectores económicos. Así, además de elevar la oferta nacional de bienes y servicios, se crearían nuevos empleos y se lograría generar una oferta exportable para diversificar la fuente de divisas y disminuir la dependencia económica de la renta petrolera.

Era la estrategia precisa que colocaría a la sociedad venezolana en el camino hacia su progreso y desarrollo.

Buena parte de esa estrategia se ejecutó luego de la llamada nacionalización petrolera que llevó a cabo el expresidente Carlos Andrés Pérez en su primer mandato, en la década de los 70. Progresivamente el país logró crear una oferta incipiente de exportaciones no tradicionales, gracias al desarrollo de las industrias básicas y al fortalecimiento de las cadenas de producción “aguas abajo” en las industrias metálicas y petroquímicas. Pero el populismo, el proteccionismo y el estatismo impidieron un mayor desarrollo.
En los 90, la estrategia de disminución de la vulnerabilidad de la economía venezolana ante las fluctuaciones de la renta petrolera fue parte importante del VIII Plan de la Nación; cuya premisa protagónica residió en el desarrollo de la competitividad nacional. La idea de sembrar el petróleo cobró nueva vigencia y esta vez estuvo acompañada de la necesidad de diversificar la renta fiscal e introducir mecanismos de estabilización anti-cíclicos.

El gobierno del presidente Ramón J. Velásquez logró adelantar buena parte de la reforma fiscal diseñada en el VIII Plan con la introducción del Impuesto al Valor Agregado (IVA) y el Impuesto a los Activos Empresariales. Los nuevos tributos permitieron disminuir la fuerte dependencia que tenían los ingresos del gobierno de la renta petrolera.

Luego, la política anti-cíclica cobró vida en 1998, bajo el gobierno del entonces presidente Rafael Caldera, cuando creó el llamado Fondo de Inversión para la Estabilización Macroeconómica (FIEM). Así se estableció que cuando los ingresos petroleros superaran el promedio de los cinco años anteriores, el gobierno estaría en la obligación de depositar parte de los ingresos corrientes en el FIEM, para utilizarlos luego, cuando el precio de petróleo cayera.

Durante el gobierno de Hugo Chávez, entre finales de 2007 y hasta finales de 2014, el mercado petrolero experimentó un ciclo de precios altos durante el cual ocurrió el mayor de sus picos históricos. Lamentablemente Chávez, como ahora lo hace Nicolás Maduro, en lugar de ahorrar; gastó, regaló y despilfarró la renta petrolera e incluso, se endeudó para gastar aún más, actuando en contra de lo establecido por la teoría económica y creando una grave situación de insostenibilidad de la política fiscal que aún no ha sido resuelta y cuyos perniciosos efectos sobre la economía venezolana están en pleno desarrollo...

Silvana Pezzella Abilahoud




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